jueves, 24 de enero de 2013

LAS DOS ECONOMIAS SUMERGIDAS


 

 

         Acabamos de conocer los datos correspondientes al paro según la Encuesta de Población Activa  E. P. A.: casi seis millones de parados, la cifra más alta en los últimos treinta y cinco años de parlamentarismo dictatorial en nuestro país.

 

            No me detendré a analizar tan dramáticos datos, pues para ello ya tenemos multitud de medios de información que lo único que tratarán será de arrimar el ascua a su sardina con la finalidad de seguir engañando a la gente que todavía se deja, desgastando al gobierno de turno, los unos, y aferrándose, los otros, a discursos tan vergonzosos como atreverse a decir que la patética y reaccionaria última Reforma Laboral del pasado año 2011 está ya “dando sus frutos”, un esperpéntico escenario que intenta encubrir un mismo rol desempeñado por los mismos siniestros jugadores parapetados tras las siglas de los partidos políticos.

 

            Quisiera centrar este escrito sobre la siguiente reflexión: ¿cómo es posible que un país con semejantes datos, con una tragedia vital tan evidente, permanezca sin saltar por los aires? En mi modesta opinión, no hay más que una respuesta: sólo la economía sumergida aporta el “oxigeno” necesario para subsistir en medio de tanta desesperanza.

 

            Y cuando hablo de “economía sumergida”, me estoy refiriendo al conjunto variopinto de actividades desplegadas por infinidad de hombres y de mujeres en este país, gracias a la cual están consiguiendo sobrevivir, a duras penas, frente a los desmanes provocados por esta crisis financiera y especulativa cuya carga han hecho soportar, una vez más y ya son muchas, sobre las espaldas del pueblo trabajador.

 

            Una “economía sumergida” esta, combatida por los filibusteros del Estado con toda clase de medios y de artimañas (pese a la crisis, en menos de un año está casi terminado el nuevo edificio de la represiva Hacienda), mientras que las “grandes bolsas” de fraude de los grandes capitales y de las grandes fortunas, la otra “economía sumergida”, permanece impune y protegida legalmente en sus fastuosos “paraísos fiscales” que el Capitalismo ha erigido como sus perlas más preciadas, fraude fiscal cifrado en unos 89.000 millones de euros que, de ser reconducidos, bastarían para solventar el déficit  valorado en unos 100.000 millones de euros, con lo cual los males de la presión fiscal no habrían aumentado.

 
 
 
 
 
 

            La diferencia, por lo tanto, entre la “economía sumergida” de carácter doméstico de las chapuzas y de las “tapaderas” de agujeros, y la “economía sumergida” de las grandes oligarquías defraudadoras, radica principalmente en que, mientras la `primera es, en muchos casos de hecho una actuación antijurídica pero no imputable por concurrir una causa de exclusión de la responsabilidad  penal por concurrir un auténtico “estado de necesidad” (ver al respecto el articulo publicado el 7 de julio de 2012 en enlace http://laventanaesmeralda.blogspot.com.es/2012/07/la-economia-sumergida-y-el-estado-de.html ), en la segunda, concurren, por el contrario, las más insidiosas y mezquinas cualidades de los criminales más desvergonzados y despreciables, los mismos que tan bien se entienden con los gobiernos de turno, sencillamente porque son los mismos.

 

            Criminales, sí, porque están robando al pueblo los frutos del expolio a que lo vienen sometiendo desde que conforman el nuevo ejército de los neo siervos; pero esperar a que esto cambie será como pedir peras al olmo en tanto el esclavo asalariado encima le agradezca a su explotador el que lo expolie hasta que envejezca.

 

            Pretender o esperar que la Administración de la Injusticia que estos depravados entes estatales han creado, persiga por igual al que sobrevive al margen de la legalidad como forma de sobrevivir y que desde aquí alentamos, que al parásito que expolia los frutos del trabajo a quién verdaderamente pertenecen, es como aspirar a que el Ser Humano retome las riendas de su verdadera esencia sin reconquistar los grandes valores éticos ni su dignidad, o sin hacer propia, sin esperar nada de nadie, la responsabilidad de su destino.
 
 
 

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