Última manifestación de la coordinadora "Gesto por la Paz"
celebrada en Bilbao el 4 de mayo de 2013
"No hay caminos para la Paz, la Paz es el camino"
Mahatma Gandhi
Dedicado a
la memoria de mi gran amigo Martin,
verdadero apóstol de la Paz
Hay
cosas que no debieran acabarse, de la misma manera que hay organizaciones que nunca
deberían tener un final, no porque ya no sirvan para aquello para lo que
nacieron, sino por lo loable de su excelso cometido y lo ejemplar de su actuar.
Ese ha sido el caso de la coordinadora
“Gesto por la Paz”, pequeña organización pacifista, cívica, pluralista e independiente que,
desde 1986 hasta mayo de 2013 en que celebró la última manifestación de su
historia bajo el lema “Lortu dugu, lo hemos conseguido”, desarrolló incansablemente
y con el silencio como bandera, su protesta silenciosa por las calles de Euskal
Herría (País Vasco y Navarra).
No
debe flaquearnos ahora la memoria y olvidar la valentía con la que este grupo
minoritario supo oponerse a la violencia terrorista de ETA a través de las
miles de concentraciones silenciosas de quince minutos de duración, convocadas
horas después de que aconteciera cualquier acto violento en cualquier punto de
la geografía nacional que estuviera relacionada con el denominado “conflicto
vasco”.
Sería injusto olvidar ahora que
una cierta tranquilidad parece reinar, tanto los terribles años del plomo y del
acero que tiñeron de sangre las calles
de este país, como el enorme valor que había que tener para salir a unas calles
donde, con toda impunidad, tenías la seguridad de que ibas a ser insultado,
zarandeado y hasta agredido, por aquellos que no supieron comprender que,
detrás de aquella gente ejemplar agrupada en “Gesto por la Paz”, no había otra
razón que el rechazo a cualquier tipo de violencia, tanto la de ETA, como la
desplegada por el Estado a través de sus múltiples aristas.
Incomprendidos,
vilipendiados y despreciados por casi todos, tildados de cobardes y de
traidores, tanto por sus correligionarios como por quiénes los veían como un
apéndice más de la estrategia terrorista, nunca podremos agradecer bastante el
coraje de unos hombres y mujeres cuyo ejemplo ha marcado una época.
No soy
pacifista, no comprendo cómo se puede defender una idea poniendo la otra
mejilla, aunque no por ello he dejado jamás de creer en el valor de la Paz, valor
supremo por el que el Parlamento Vasco presentó en 1989, con el apoyo de
múltiples y prestigiosas organizaciones, la candidatura de “Gesto por la Paz”
para el premio Nobel, solicitud no atendida, a diferencia de otros “históricos”
agasajados, cuyo principal mérito fue haber tenido sus manos manchadas de
sangre.
Nunca
olvidaré el haber tenido el honor de haber tenido como amigo a uno de los
hombres más generosos que he conocido, un hombre bueno cuyos ojos brillaban
como el sol cada vez que hablaba de esa Paz por la que fue incluso vejado,
escupido y zarandeado, pero en la que jamás dejó de creer: se llamaba Martín, era
vasco de Bilbao y miembro de “Gesto por la Paz”, un hombre que amaba su pueblo
hasta el punto de considerar que quiénes lo agredían, y a los que jamás guardó
ningún rencor, estaban solamente equivocados y que algún día comprenderían la
envergadura de su error.
Me
enseñaste muchas cosas, amigo Martin, tan frágil y tan poderoso al mismo
tiempo, pero lo que quedó grabado para siempre en mi corazón fueron aquellos
ojos hablando de Paz que tanta admiración y respeto conquistaron en mí, una Paz
de la que estabas enamorado y que sólo hombres como tú o como Asunción, mi otra
gran amiga de Bilbao, fuisteis capaces de vislumbrar en unos tiempos tan difíciles
y espinosos como aquellos.
Gracias a los dos, y muy
especialmente a ti, que me estarás escuchando desde algún sitio tan hermoso
como fue tu corazón, y a “Gesto por la Paz”, por haber contribuido, con vuestro
ejemplo y generosidad, a sembrar de esperanza un mundo que parecía haberla perdido.
Valga este sencillo pero
sentido homenaje para decir adiós y gracias a “Gesto por la Paz”, gracias
eternas por haber escrito una página tan hermosa como difícil, por haber
sobrevivido en medio de la amenaza y del miedo, por haber aguantado en medio de
la indiferencia y la incomprensión generalizadas, y sobre todo, gracias eternas
por habernos servido de ejemplo a cuántos, aunque no seamos pacifistas, siempre
hemos creído que la fuerza que mueve al mundo es la de la buena voluntad.
Un momento del acto de despedida de la coordinadora "Gesto por la Paz"
celebrado en Bilbao el 4 de mayo de 2013


















